14/11/2010 a 20 años de la muerte de "PABLO DEL CERRO"

Cuenta Emilio Portorrico en su Diccionario Biográfico de la música argentina de Raíz Folklórica, que Nenette había nacido en Saint Pierre et Miquelon, Francia un 8 de abril de 1908 y falleció en Buenos Aires el 14 de noviembre de 1990. Era pianista y compositora. Que llegó a la Argentina en la década del ´30, trayendo una robusta formación musical adquirida en el Conservatorio de Música de Caen, en Normandía (Francia) y también se había inscripto en el Conservatorio Nacional. Siendo alumna de Carlos López Buchardo, cerca de 1942 conoció en Tucumán a Atahualpa Yupanqui, con quien estaría unida toda su vida y con quien colaboró en la labor creativa. Con Atahualpa, compuso entre otras obras canciones como El Alazán, Pobrecito mi cigarro y Pero a mí nunca jamás, zambas como La Vuelta del Tucumano, Payo Solá y Zamba de Otoño, las milongas De Tanto dir y venir y Memoria para el olvido, además compuso, la Chacarera de las piedras, la vidala Madre del monte, y la Baguala del Pobrecito. Compuso los instrumentales El bien perdido, la chacarera La del Campo, el gato El rescoldeao y junto a la letra de Guillermo Etchebehere, la milonga La mano de mi rumor.

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Su hijo, Roberto, nos cuenta:

“creo que lo que hizo Nenette, fue altamente significativo porque formó parte de los extranjeros que vinieron al país no a llevarse cosas, sino para dejar cosas para nosotros. Formó parte de una inmigración que vino a contribuir con el crecimiento de nuestra nación. Lamentablemente no fue repetido su ejemplo… El seudónimo Pablo del Cerro lo tomó primero porque en los tiempos en que ella y mi padre se unieron, mi padre estaba casado pero no divorciado de su primer matrimonio. Y no estaba bien visto el aspecto de la concubina, no estaba bien visto además el hecho de que Yupanqui, que ya era Yupanqui, firmara ahora con una francesa. Todos esos prejuicios que solían haber. Por eso mi madre firmaba como Pablo del Cerro, porque además, fue por el Cerro Colorado, que fue el lugar que nos albergó en tiempos duros y allí construimos ese rincón donde está el museo actualmente”.
“…era una persona muy exigente, en materia musical, aún con el tata, solía haber en casa algunas tenidas, con respecto a interpretaciones o yo recuerdo en una oportunidad, el hecho de cantar El Alazán, una vez por radio y cuando volvió a casa, mamá le dijo: "eso que hiciste ahí, es demasiado romántico. Ya es demasiado romántica en si la melodía, no tenías por que agregarle este cambio a la melodía" Se lo dijo, porque se ve que le había hecho un cambio a la melodía original. Eran críticas bastante duras. Y también anécdotas de cuando el tata escribía El Payador Perseguido, y una chica que nos ayudaba en casa, de Cerro Colorado, en ese tiempo, una paisana, me recordaba hace poco tiempo, cuando nos encontramos, "yo me acuerdo, cuando don Ata escribía el Payador y se lo leía a doña Nenette, los versos del Payador Perseguido. Y doña Nenette, por ahí lo corregía y el se enojaba. Después aceptaba la corrección y seguía adelante". O sea en ese sentido también fue un gran apoyo, no sólo como mujer, como esposa, sino en el aspecto de su obra. Fue ella quien lo hizo al tata subirse a un avión en el año 1962, creo, para ir a España, porque mi padre decía que no estaba seguro que no iba a interesar en Europa y fue mi madre la que realmente insistió casi con violencia, para que subiera a un avión y se fuera a Europa. Ya lo demás es conocido. Llegó a estar el tata primero en ventas en el año sesenta y pico, setenta, en las ventas de discos en España, por sobre esa música de frenesí que se produjo siempre. Creo que en ese sentido, también el libro Cartas a Nenette, si bien están escritas por el tata hacia mi madre, me permiten conocer el otro personaje. Si uno lee con atención y entre líneas lo que allí está escrito, también nos permite conocer a quien recibe esas cartas”.
“…creo que fue una persona muy reservada, muy prudente. Alguna vez me comentó, ella porque en alguna medida se había puesto en segundo termino y es muy simple eso, y no lo dijo con resignación, se los puedo asegurar: ella comprendió que el tata era una personalidad descollante y necesaria para el mundo. Ella podía ser una gran pianista pero había muchos grandes pianistas, habían muchos grandes músicos. Pero Yupanqui había uno solo. Cuando tomó la decisión, les aseguro, como lo probó después que no hubo quejas. Siguió tocando el piano, siguió componiendo, siguió corrigiendo. Crió a sus nietos, no alcanzó a escribir un libro, plantó muchos árboles, eso sí. Gran parte de los árboles que hay en nuestra casa de Cerro Colorado los plantó ella, y una madrugada del 14 de noviembre, decidió que ya había cumplido con la vida, con su marido, con su hijo, con sus nietos y partió.

Extraído de www.folckloreclub.com.ar

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¡Mamá! No tengo lágrimas para humedecer tu paso, tu silencioso paso, la huella que pasa lenta, amorosa, como bendiciendo el aliento que me permite ver tu sagrado gesto de paz, de inmenso adiós que no se va, ni me deja. Fresca está tu mano, no fría.
Clara y serena está tu hermosa frente, pacíficamente cerrada tu boca, breve dulce, discretamente silenciada, como si aún no se esfumara tu palabra de paz y de amor, la sombra de esa bendición que jamás dejó de ser el color más verdadero de amor a nosotros, de tu condición enamorada del perdón y del cariño profundo y verdadero de tu espíritu.
En nosotros estás, Mamá, en esta nuestra única hondura verdadera. Amén

Atahualpa Yupanqui

Carta enviada por Atahualpa a su hijo Roberto

París. Domingo 25 de Noviembre. 1990

Coya querido.

Estudié varias horas guitarra anoche. Hacía 2 semanas que no hacía una nota. Está ya vendida la salda de 2.000 plateas del Teatro de la Villa. Y hay publicidad, creo, exagerada, en todo París. Ojalá yo sea digno de ese interés y apoyo del público de Francia.
Los pocos amigos que frecuento – conozco a cientos- me acompañan y me llaman a diario. Pons, Mosalini, Enzo Gieco, Guillermo Hascke, jefe de turbinas de Air France, funcionarios de la Unesco, Chant du Monde.
Duros tiempos respiro, y sé que durarán. Temo que la casa nuestra se incline al naufragio si no decidimos algo firme y claro. A mi regreso hablaré con abogados y escribanos. La Fundación deberá organizarse y ser vigilada y cuidada, y sobre todo respetada. Trabajar con odios, rencores y resentimientos, llevará todo al fracaso, y perdida de cosas que fueron amadas por Mamá.
Aún vive fuertemente en mi corazón la mano de Mamá con una rosa clara entre sus dedos, y el rosto plácido, de amor, como un ruego profundo, total. Quiso decir algo que no pronunció. No sé decir más. Ruego, espero, anhelo. Sé que soy el próximo en partir al silencio.

Hasta pronto, hijo querido. Te abrazo, Coya.

Tata

Domingo de lluvia y frío. Fuera y dentro mío.

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