"Los hombres pasamos"
por Roberto "Coya" Chavero (06/03/13)

“Los hombres, los pueblos se enfrían por ausencia de espíritu”, escribió Atahualpa Yupanqui.

Los hombres pasamos, los pueblos quedan.
Los hombres importantes se van desnudos como cualquiera de nosotros.
Legan al pueblo aquello que supieron construir.
Sus obras tienen logros y también desaciertos. 
Son humanos como todos.
Es tarea de los pueblos tomar lo bueno del legado, afirmarse en el para sostener su anhelo de libertad, de igualdad, de fraternidad: el camino de la paz, en los hombres y en los pueblos.
La importancia del legado de los grandes hombres es proporcional a la sabiduría que ha desarrollado su pueblo, fortaleciendo su espíritu y generando un horizonte amplio y plural en el que todos los actores tengan su lugar, aún aquellos que no quieren participar. 
Si el pueblo aprendió a conocer y a amar su territorio, su historia, sus tradiciones culturales, su trabajo cotidiano, a respetar el disenso, a sentir la necesidad de deliberar con otros los problemas que se le plantean, a buscar el consenso, no podrá abatirse o conducirse a la degradación, al sometimiento, a la indignidad, a la prepotencia (que es una forma de encaprichamiento adolescente respecto del curso de las cosas). 

La muerte de ese hombre, por importante que haya sido, no tendrá mayor dimensión que la pena.
Sabrá el pueblo entonces que hay autoridad en el silencio, en el saber escuchar, en la respuesta comprensiva y sincera, en la caricia y en la misericordia, y, que todo ello, es respeto por lo humano. 
Sabrá el pueblo que un plato de comida resuelve el hambre del día pero no resuelve el porqué de su existencia.
La lucha, la verdadera lucha, la más enconosa es siempre con uno mismo. Los personajes oscuros están al acecho de nuestras sombras interiores para activarlas. Toman formas hasta simpáticas y socialmente aceptables. Pero encubren las miserias. 
¿Queremos ayudar a otros a superar sus miserias? Superemos las nuestras.
Allí debemos despertar al guerrero. Para que libre su lucha encarnizadamente hasta el final. Para reducir al más pequeño rincón a nuestras oscuridades. 
Con esa batalla ganada alcanzará para que otros también se lancen a su propia lucha.
Serán solo batallas ganadas. 
La guerra continuará.... eternamente. 
Es el misterio de nuestra existencia, la maravilla de la vida que nos da esta posibilidad: la lucha interior.
Hacia fuera las cosas materiales solitas se irán organizando mientras tengamos en claro que la lucha es hacia dentro. 

La venerable palabra de los ancianos Hopi nos anuncia el inicio de la undécima hora. 

"Les hemos estado diciendo a la gente que esta es la Undécima Hora.
Ahora ustedes deben regresar y decirles que esta es la Hora y que hay cosas que tomar en consideración.

¿Dónde estáis viviendo?
¿Qué estáis haciendo?
¿Cuáles son vuestras relaciones?
¿Estáis en la relación adecuada?
¿Dónde está vuestra agua?
Conozcan su jardín.

Es hora de hablar vuestra verdad crear vuestra comunidad.
Ser bueno uno con los otros.
Y no buscar fuera de
vosotros mismos al líder.
¡Esta podría ser una buena época!
Ahora hay un río fluyendo muy rápido.
Es tan grande y tan rápido que hay quienes sentirán miedo.
Ellos tratarán de agarrarse a la orilla.
Y sentirán que están siendo partidos y sufrirán mucho.

Sepan que el río tiene su destino.
Los ancianos dicen que debemos soltarnos de la orilla e impulsarnos hacia la corriente.
Debemos mantener los ojos
abiertos y la cabeza fuera el agua.
Vean quién está allí con vosotros y celébrenlo.
En este momento de la historia no debemos tomar nada de forma personal.
Mucho menos a nosotros mismos.
Porque desde el momento que hagamos eso,
nuestro crecimiento y travesía espiritual se detendrá.
El tiempo del lobo solitario se acabó. Reúnanse.
Erradiquen la palabra lucha de vuestra actitud y vuestro vocabulario.
Todo lo que haga a partir de ahora
debe ser hecho en una manera sagrada, y en celebración.

"Nosotros somos los que hemos estado esperando."

(Los Ancianos Hopi. Oraibi Arizona - Traducción revisada por Tomas Graves)


Habrá quienes digan: esa hora es solo de ellos. 

Digo: esta hora es para todos.

Roberto Chavero

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